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LA VIDA LOCA
Me dicen
que ya me voy recuperando.
No menciono interminablemente
el nombre de quien escogió la última puerta.
Será que he aprendido a contenerme.
Escondo el grito de su muerte en la corriente
de sangre mugrienta, virus, bacterias,
cloaca infecta pero ruta precisa
al más despampanante capullo balánico,
la flor de todas las libidinales relaciones:
la madre, el padre, amigos, amantes,
un cuerpo de rancia mantequilla, amado
hasta la desesperanza pluscuamperfecta;
otro cuerpo de yuca y plátano, vigente,
que del frío protege, salami sulamita,
pero también perecerá del vaho verde.
Espejo que devuelve disolución del rostro,
desaparición de los melocotones,
espárrago blanco en los altares fálicos,
aperturas ahítas de baba de coco.
Gusaneras incógnitas bajo lápidas mudas,
abono necesario, anónimo sustento.
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